Sustentoyautorretrato’s Blog


Sobre el diccionario
noviembre 7, 2009, 12:50 am
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Los diccionarios, esas antologías nunca acabadas, dejan lamentablemente a un lado tanta historia, tanta biografía. Porque las palabras nacen por razones, en fecha y lugar exactos. Tienen ancestros, lejanos y cercanos, tienen infancia, juventud, hechos insólitos. Han estado al borde de la muerte, han viajado, se han escondido, se han prohibido. Han sido concebidas para lesionar, para cuidar, para elogiar, para abdicar. Tienen muchos vestidos las condenadas, porque aunque siempre negras, a veces se camuflan, a veces se evaporan. A veces, se pierden entre ellas. Unas son reacias, otras dóciles. Unas son manidas, otras intocables. A veces son legión, a veces son esquivas. Cuesta tanto definirlas, porque unas se venden y otras se compran, y al tiempo que son propiedad de todos, no son propiedad de nadie. Mientras unas crean ritos, otras los destruyen. Mientras unas perseguidas, otras ensalzadas. A lo mejor sabemos tan poco de ellas, que lo único que se nos ocurre para verlas al tiempo, sea ese penal de papel donde lucen sin brillo, alineadas bajo el rígido orden del alfabeto. ¿A nadie se le ha ocurrido ordenarlas según sus anécdotas, según su papel en la infancia, en el amor? ¿O ubicarlas con la pasión de sus luchas por sobrevivir a tantas suertes? Cuando justamente su importancia radica es en el patrimonio que atesoran, y no en la desnudez y en la frialdad de ese blanco paredón frente al cual las exponemos simples, y aún así ellas, imperturbables, bastándose a sí mismas, aceptan con férrea compostura semejante destino. Es más, algunas quedan atrapadas allí para siempre, entre esos barrotes engendrados por señoritos de corbatín satinado, que a fuerza de decirlo, se han creído con la potestad de fallar a favor o en contra de ellas, como si solo existieran a través del apellido Larousse o cobraran sentido en las pomposas vitrinas de academias vetustas.

Presento algunas definiciones que respeto y admiro.

 

Diccionario para ociosos. Joan Fuster

Cómplice: cómplice es aquel que te ayuda a ser como eres.

 

Breve diccionario del argentino exquisito. Adolfo Bioy Casares

Diálogo: conversación entre enemigos. “El funcionario nos declaró que su gobierno se encuentra abierto al diálogo con los piratas”

 

Diccionario del diablo. Ambroise Bierce

Diccionario, s: perverso artificio literario que paraliza el crecimiento de una lengua además de quitarle soltura y elasticidad. EL presente diccionario, sin embargo, es una obra útil.

 

Biografía de las palabras. Efraín Gaitán Orjuela

Descalabrar: “lo descalaveró” (de calavera) se dijo alguna vez muy pintorescamente por le “rompió la cabeza”. El verbo ligeramente modificado se perpetuó en descalabrarse.

 

Diccionario de símbolos. Jean Chevalier. Alain Gheerbrant

Brujo, bruja: 1. C.G.Jung considera que las brujas son una proyección del ánima masculina, es decir del aspecto femenino primitivo que subsiste en lo inconsciente del hombre: las brujas materializan esta sombra rencorosa, de la que ellos no pueden apenas librarse.

 

Lectores, espectadores e internautas. Néstor García Canclini

Eclecticismo: Véase zapping.

 

Diccionario de filosofía abreviado. José Ferrater Mora

Ídolo: Francis Bacon llamó ídolos o falsas nociones a los prejuicios que asaltan el espíritu de los hombres y de los que hay que librarse con el fin de llevar a cabo la auténtica  “interpretación de la naturaleza”.

 

Ulrika. Jorges Luís Borges

Colombiano: ¿Qué es ser colombiano?. -. No sé -le respondí-. Es un acto de fe”

 



Cómo no.
octubre 26, 2009, 11:21 pm
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Cómo no decir que somos depositarios de palabras. Cómo no afirmar que tanto de lo que somos no es sino la unión de piezas que hemos ido recogiendo en las esquinas. Cómo ocultar tantas historias de las que hemos sido cómplices si en cada letra que compone nuestro nombre subsisten inmortales. Cómo desear ordenarlas (las historias) en hileras, por tamaños, por colores y por fechas, cuando más de una vez hemos sido testigos de su franco albedrío. Cómo olvidar aquellas noches cuando entendimos que el punto no siempre significa fin y que la historia nunca termina. Cómo no vernos en el tiempo sin entender que arrastramos desde siempre las palabras que nos definen. Cómo ocultar lo que somos si cada silencio no es más que un torrente de gramáticas que componen nuestra vida. Cómo salir a la fuga si cada paso hacia el frente es la confirmación de que el tiempo es un largo misterio hacia el fondo de nosotros.  



La imagen de una mujer
octubre 17, 2009, 1:14 am
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Hablar de alguien, ¿no?, intentar trascender la descripción y hacer todo lo que esté al alcance para mostrar cómo tal persona es vista a través de mí;  más aún, cuál es el influjo que ha logrado tener para que se haya convertido en un motivo de escritura, es decir, de pensamiento. Pues bueno, hablemos de un ella genérico, un ella que apareció en un mes de enero y lo hizo tan silenciosamente que solo me percaté de su presencia tiempo después de que ya estaba instalada en mí. No lo puedo asegurar pero creo que fue una noche, mientras ella estaba sentada a mi lado, en que comprendí que sus palabras y su risa serían para mí la fortuna de saber lo que era una mujer. Siempre lo supe: a nosotros nos unió el amor por la literatura y la esperanza que cada sábado por la tarde acuñábamos en un parque del centro de la ciudad mientras leíamos poesía bajo aquellos frondosos árboles. Si me preguntaran por ella, aludiría a sus manos, al color naranja como el tono que desde siempre tuvieron sus palabras, diría que fue por ella que caminé más de media ciudad un domingo soleado simplemente con el pretexto de ver sus ojos marrones, y claro, también diría que en mí reposan muchos de sus más preciados secretos. Han pasado años desde entonces y tal como decía Borges, me cuido de pasar por ciertos lugares que a la postre me traerían un mismo retrato: el de un miedoso universitario quien mochila en mano se aferra con fuerza a la imagen de una mujer.



Sobre el miedo
septiembre 29, 2009, 11:19 pm
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Valdría la pena pensar hasta qué punto somos nosotros los responsables de nuestros propios miedos. Con ello dejaríamos de vernos como las frágiles víctimas de todo cuanto nos duele para convertirnos en los verdugos de nuestras propias asechanzas. Quizá de esta forma la salida del callejón se encuentre más al alcance y el miedo pueda ser domesticado en un afán asombroso por demostrarnos cuan resuelta puede ser el alma en cuestiones de independencia. Porque si algo ha de ser recordado es que siempre tras la figura de un miedo se halla materializado un tesoro.



De espejos
septiembre 14, 2009, 11:15 pm
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Sí, siempre has reconocido que darías la vida por escribir con exactitud cuanta cosa sientes, y lo has reconocido justo en tu carencia, porque más de una vez ha pasado que a ti llega algún sentimiento, y apenas ocurre, hay confusión, conmoción, te sientes presa de las circunstancias, y en estado mecánico, tratas de que quienes te rodean no se percaten de que justo en ese instante eres el blanco de algún dolor lejano o el campo de batalla de cientos de reacciones, pero todo es en vano, porque ocurre más bien lo contrario, la evidencia te delata produciendo en ti aquello que alguno de los tuyos explicaba como la sensación de querer estar suspendido mientras los demás pasan por tu lado, sin rozarte siquiera, muy concentrados en sí mismos, para poder escabullirte por el callejón de alguna risa pasajera que más de una vez se te ha ido artificial, y allí precisamente te has preguntado por el sentido de tantas cosas que para muchos están más que claras pero que para ti están en un terreno gelatinoso porque hay más dudas y hay más insatisfacciones que certezas y alegrías, cosa que a la postre es lo que ha venido a tallar ese que eres de puertas para afuera, tan lleno de silencios y de preguntas que desisten de su respuesta, y sí, desde siempre ese es el muro con el que tantos se han chocado para dar la vuelta con cara de circunstancia e irse con rapidez, teniendo la sensación de no haber entendido nada cuando en realidad ni siquiera tú tienes del todo claro porqué desde que eras un niño y corrías a la velocidad de las bicicletas has tenido la sensación de que todo va mal con ese puente de palabras que debería unirte con los demás, y por eso, solo por eso, siempre has estado tan cerca de los libros y de las bibliotecas, pasando tus ojos por historias que han hecho más grandes tus preguntas y más indescifrables tus respuestas.



Conversación.
mayo 13, 2009, 12:32 pm
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Consideración preliminar: El asunto aquí es una conversación, cosa que significa que cada entrada es un aporte, una aclaración, una pregunta, una profundización. Mejor dicho, se escribe pensando en los otros, pero también en continuar el hilo que se vaya trenzando en esta charla escrita.

 De forma que para empezar esta conversación, hago la siguiente introducción. Ray Bradbury, escritor norteamericano de ciencia ficción, se caracteriza por escribir historias en las que ahonda en el género humano a través de su relación con la ciencia y la tecnología; que son esos grandes temas a costa de los que este género literario se nutre para mirar con lupa la manera como el hombre siente y piensa. Este es el gran aporte de Bradbury a la literatura, y es un poco lo que vemos en el cuento El ruido de un trueno. Pues bien, me gustaría empezar sabiendo qué reflexión harían alrededor del tiempo; todo un tema del que podemos encontrar en esta historia una fuerte mirada. Tienen la palabra…



Cinco. La muerte
mayo 9, 2009, 6:00 pm
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Recuerdo un escrito de William Ospina, publicado para la edición 52 de la revista Número, donde cuenta que se encontraba en casa de la directora de la obra de teatro Diatriba de amor contra un hombre sentado la misma noche en que había sido estrenada, allí habían llegado varios de sus actores luego de la función y algunos amigos que charlaban y tomaban algún trago. La noche estaba entrada, cuando de pronto, alguien tocó a la puerta, y al abrirla, apareció Gabriel García Márquez diciendo:

“-¡Acaban de matar a Luis Donaldo Colosio!”

Cuál fuera la sorpresa de William Ospina al ver en persona a quien había sido en los años de su juventud una suerte de mito, pero además, al sorprenderse porque el primer recuerdo personal con que empezara un larga amistad con el nobel fuera “verlo trayendo la noticia de que alguien había muerto, y es que casi todas sus obras comienzan con la mención de una muerte”; tema que sin duda es uno de los grandes en la literatura por ser justamente uno de los principales enigmas de la Humanidad. Enigma, porque no queda muy claro por qué hay que morir, por qué la vida ha de terminar. Más aún, qué ocurre en el hombre que se halla frente a la muerte, qué pasa por su mente, por sus recuerdos. Algunos han escrito notables escenas que podrían servir para respondernos estas preguntas, no obstante, son y seguirán siendo nobles intentos de quienes aun no han tenido la ventura o desventura de morir. Lo dicho no supone que sea necesario morir para poder escribir fielmente, significa en últimas que por más cerca que estemos de la muerte, por más que la sintamos en carne viva en la desaparición de los nuestros,  jamás sabremos muy bien de qué se trata en el fondo. Y por eso hay tanta tela para cortar sobre el tema, y por eso tanta literatura ha encontrado allí un espacio para fabular a sus anchas. Ya lo dijo William Ospina: incontables son las obras de García Márquez que empiezan su fuerte poder de seducción a partir de la muerte –recordemos El Ahogado…- pero yendo más allá, tantas, tantísimas, son las obras de la gran Literatura Universal que han puesto sus ojos allí para escudriñar esa gama sinfín de pasiones que surgen del corazón humano cuando llega esta impostergable hora. Yo estimo que para una obra tomar el carácter de Universal, ha de decirnos algo sobre la muerte.